Azafrán: un cultivo que gana terreno en el sur del país (y que cotiza como un metal precioso)

La tradicional especia utilizada en la cocina mediterránea es un cultivo que ha ganado tracción en la región sur del país. Con experiencias positivas en Cuyo y en el centro de Argentina, ahora avanza en la Patagonia, con la producción instalada en Trevelín.

El azafrán es una especia presente en las cocinas de todo el país. La tradición mediterránea de los migrantes españoles afianzó al “oro rojo” que hoy también empieza a dar que hablar en el ámbito agrícola argentino.

 

Con un proceso manual muy intenso y poco productivo, donde se estiman 40 horas de trabajo por kilogramo producido y casi 200.000 flores, se ganó el mote de “oro rojo” pudiendo alcanzar un valor de USD 18.000 por kilo, aunque suele rondar los 1.500 dólares de promedio, más en la línea de los metales preciosos que de otros productos alimenticios.

Aunque Argentina posee una producción baja de este bien, cuyos principales exportadores son Irán y España, en las últimas décadas ha ganado terreno en Mendoza y Córdoba, extendiéndose también a las provincias de Neuquén y Río Negro. Más al sur del país, las experiencias positivas continúan en Trevelín, Chubut donde la flor se ha adaptado al clima frío y puede ser un nuevo cultivo que permita diversificar la matriz productiva de la ciudad.

Con sus características propias, como la de requerir grandes extensiones y un trabajo manual forzoso, también aparecen aspectos positivos para este cultivo no tan tradicional en nuestro país: el bajo costo logístico, un dolor de cabeza recurrente para agricultores, sobre todo aquellos alejados del centro del país y la red ferroviaria. Dada la baja producción en kilogramos, el azafrán presenta un escenario único donde su precio poco se ve impacto por lo logístico de su transporte.

Junto a ello, surgen oportunidades de sinergia con otras industrias, como la turística. Recordemos que Trevelín lleva adelante la Temporada del Azafrán durante fines de marzo y principios de abril, período donde ocurre el proceso de floración y se ofrece a visitantes y locales experiencias gastronómicas y actividades recreativas. Así, este sector de nicho continúa creciendo, buscando cubrir una demanda del producto hoy importada.

Bariloche apunta a un invierno récord con hasta 85% de ocupación y 320 vuelos internacionales (más turistas y mejor distribución de la demanda)

Mientras el turismo interno se vuelve más selectivo y competitivo, San Carlos de Bariloche decide jugar fuerte en el frente internacional. Para la temporada de invierno 2026, el destino proyecta niveles de ocupación que oscilan entre el 80% y el 85%, con picos cercanos al 90% en julio, apalancado en un dato clave: más vuelos, más mercados y una estrategia cada vez más global.