Los puertos se llenan de barcos y el langostino sigue nadando (113 barcos amarrados, US$ 600 millones en pausa y una cuenta que no cierra)

Por primera vez en la historia reciente de la pesca argentina, la temporada de langostino en aguas nacionales no zarpa. Y no porque falte el recurso, dicen que el mar está lleno, sino porque el modelo económico de la actividad está haciendo agua.

La postal es inédita: 113 buques congeladores inmóviles en los puertos del país, esperando que las cuentas cierren. Pero no cierran. El negocio que en 2024 generó US$ 2.000 millones en exportaciones, y que representa el 3,9% de las exportaciones nacionales, hoy está en jaque por una ecuación simple y brutal: vender a US$ 5,50 lo que cuesta producir a US$ 6,50. Un dólar de pérdida por kilo.

Los números

El sector pesquero argentino, con más de siglo y medio de historia y más de 46.000 empleos directos, está en plena parálisis. Puerto Deseado, Mar del Plata, Puerto Madryn sienten el impacto: plantas sin producción, operarios sin actividad, economías locales frenadas.

La caída de los precios internacionales del langostino, 2,8% en el caso del producto entero y 5,6% en las colas, se combinó con un contexto de costos internos en ascenso y una competencia feroz del langostino de cultivo. Pero el punto más crítico parece ser el marco laboral: un convenio colectivo de 2005, que ancló bonos de productividad al precio internacional de entonces (US$ 12/kg), cuando hoy se paga menos de la mitad.

“El sindicato, como decía Casero, sigue pidiendo flan”.  “Los números son transparentes. Es hora de revisar estructuras para sostener la actividad y preservar los empleos. La situación es crítica, es una cuestión matemática, y el sindicato, tal como ilustraba Alfredo Casero, parece que sigue gritando que quieren flan”, explican desde las cámaras del sector.

Las cámaras, el gremio y una mesa que no se arma

Las principales cámaras empresarias (CAPeCA, CAPIP, CAIPA, CEPA, entre otras) han solicitado una audiencia urgente con SOMU y SIMAPE para discutir la realidad del sector. No se trata solo de salarios, dicen, sino de cómo garantizar que haya pesca en el futuro.

Con una flota que generaba 600 millones de dólares en divisas por año y que hoy está varada desde el 17 de marzo, el tiempo corre. Lo que no se pesca ahora, no se recupera después. Las exportaciones se esfuman, los mercados se enfrían, los clientes se van. Y lo que alguna vez fue orgullo nacional, puede transformarse en una historia de oportunidades perdidas.

El dato que duele

En los últimos 10 años, el sector generó US$ 17.000 millones en divisas para la Argentina. Hoy, con el combustible caro, los insumos dolarizados, y un esquema salarial que responde a otra época, los barcos no salen. Y mientras tanto, los barcos siguen en el muelle. El langostino, en el mar. Y el país, con una de sus principales economías regionales en modo stand-by.

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